Tribuna de Ana Isabel Ceballo Sierra, presidenta de la Asociación General de consumidores, ASGECO Confederación, para la edición 2015 del Anuario de la Agricultura Familiar en España, editado por la Fundación de Estudios Rurales y por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA): “La cadena alimentaria, en busca del equilibrio”

1299210ab10a0461435658229Como todos sabemos, la crisis económica que estamos viviendo ha originado numerosos efectos, tanto para los individuos de forma particular, que han visto como su nivel de ingresos se ha reducido, como para el nivel general de la economía española, viendo frenada su actividad. Pues bien, entrando más en detalle en esta actividad económica, hay un dato desolador del cual las noticias hacen muy poco hincapié, y que sin duda, merece mucha más importancia: el pequeño comercio se está muriendo.

La otra realidad del sector tiene que ver con el grado de concentración, que se ha acelerado en los últimos años. De hecho, el grado de concentración ha experimentado una tendencia creciente. El informe “Balance y Perspectivas Gran Consumo 2015” de la consultora Kantar Worldpanel muestra que el sector de la gran distribución sigue marcado por la concentración del mercado. En concreto, esta concentración se ha intensificado en 2014, año en el que las diez cadenas de distribución más importantes de nuestro país han ganado 1,8 puntos de cuota de mercado frente al año anterior, acumulando el 52,9% de las ventas de productos de gran consumo.

A la difícil situación de la economía global (crisis económica, desempleo, falta de crédito, falta de confianza, crisis psicológica, etc.), el pequeño comercio en España debe anotar en su haber una cantidad de circunstancias que llevan a la pérdida de puestos de trabajo y a un incesante cierre de empresas.

Con el cierre del pequeño comercio, los vecinos están perdieron algo más que unas tiendas que pisaban prácticamente a diario para comprar lo imprescindible, y esos productos con los que uno puede salir del paso a la puerta de casa ante cualquier eventualidad: lo mismo compraban en ellos la barra de pan que un botón, una sartén, jamón york, un par de medias, un frasco de colonia, un cuaderno o una bombilla. Son establecimientos con nombres propios, con una relación basada en la confianza de muchos años entre clientes y propietarios.

Medidas del Gobierno

El Consejo de Ministros aprobó a finales del pasado mes del mes de febrero un Real Decreto que desarrolla parcialmente la Ley de Medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria.

De esta forma se completó el desarrollo normativo de la Ley, a la que se dota de todos los elementos necesarios para corregir los desequilibrios en las relaciones comerciales de las empresas que operan en la cadena alimentaria.

El Real Decreto aprobado establece así disposiciones relativas a las buenas prácticas en la contratación alimentaria, al Observatorio de la cadena alimentaria, a los laboratorios agroalimentarios para el control oficial, dependientes del Ministerio, y a la modificación del Reglamento de la Ley que regula las organizaciones interprofesionales agroalimentarias.

La Ley de Medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria, en vigor desde hace un año, contempla multas de entre 3.000 euros y un millón de euros a cualquier eslabón de la cadena alimentaria que cometa prácticas abusivas, al tiempo que establece la obligación de contratos por escrito en transacciones superiores a 2.500 euros.

Nuevos hábitos frente a viajes costumbres

Pese a todas estas medidas, en el centro de las ciudades la crisis ha empujado al cierre a establecimientos con gran solera. El comercio minorista todavía goza de una arraigada presencia en España, pero en las últimas décadas ha perdido peso en favor de las grandes superficies, situadas habitualmente en el extrarradio.

Los nuevos hábitos destrozan viejas costumbres y vacían los comercios que uno se ha acostumbrado a ver toda la vida desde niño y que nunca llegó a pensar que un día desaparecerían.

En muchas áreas comerciales de barrio no dejan de verse persianas bajadas de pequeños comercios que no pueden hacer frente a los gastos. Por contra, mientras tiendas y pequeños comercios retroceden, la grande superficie comercial sigue ganando terreno.

La España de los bares y las pequeñas tiendas de barrio que a duras penas resisten la presión de las grandes cadenas ha sufrido un duro varapalo con el final de los alquileres de renta antigua en las grandes ciudades.

Dificultades para los agricultores

Como consecuencia de todo esto, unas pocas empresas controlan un porcentaje cada vez mayor del comercio de alimentos. Su forma de proceder genera graves dificultades a los pequeños agricultores.

Buenas cosechas, en cantidad y calidad, a precios ruinosos. Es el binomio que provoca, año tras año, la bajada de las rentas de decenas de miles de agricultores y ganaderos españoles.

Los propietarios de las pequeñas tiendas alimentarias de los pueblos y ciudades se quejan cada vez más de que los proveedores les venden los productos a un precio mucho mayor que a los supermercados. Esto se debe a que los grandes hipermercados compran al por mayor y cantidades muchísimo mayores, de esta manera, pueden ofrecer a los clientes productos en un precio mucho menor que los otros.

Liberalización horaria

A la concentración del sector, se une la liberalización horaria aprobada recientemente. Si le preguntan ¿le gustaría que las tiendas abrieran durante todos los días de la semana a todas horas? pocos son los que darían un ‘no’ por respuesta. Tener abiertas de par en par las puertas de los establecimientos durante todos los días del año para muchos puede ser un gran atractivo y un beneficio para el sector; sin embargo, para los propios comerciantes la idea en sí les parece una locura.

A priori, dar luz verde a esta medida se traducirá en un aumento de la cuota de mercado de las grandes empresas de distribución comercial a costa de la de los pequeños y medianos establecimientos. Los comerciantes insisten en que la crisis afecta a todo el mercado pero que, evidentemente, el mazazo más gordo se lo llevan los más pequeños.

Frente al planteamiento liberalizador que suscita el respaldo de consumidores y grandes superficies, el pequeño comercio sigue sintiéndose amenazado por una libertad de la que, en teoría, ya goza —con la legislación vigente puede decidir cuándo abrir—, pero de la que no disfruta en la práctica por problemas económicos, multiplicados por el impacto negativo de la crisis. El Gobierno insiste en que la nueva ley ofrecerá a cada negocio la posibilidad —no la obligación— de adaptar el calendario de días y horas a la demanda de sus clientes, pero los pequeños comerciantes recelan de la medida.