• Tribuna de Caros Trias Pínto, Director de ASGECO y Consejero del Comité Económico y Social Europeo

economia-del-bien-comun_1En los últimos años, máxime a tenor de los excesos que precedieron a la gran crisis que seguimos padeciendo, la sociedad ha expresado rotundamente su apuesta por una conducta empresarial más responsable y, de hecho, la ciudadanía ha comenzado a primar a aquellas corporaciones que han logrado incorporar ese reto a su día a día empresarial.

Hoy por hoy, el problema sigue siendo el determinar razonablemente cuáles son las exigencias que deben cumplir las empresas para poder calificarlas de socialmente responsables ya que la autorregulación (mediante códigos de conducta) o la adscripción a sistemas voluntarios de normalización y certificación ha devenido en una suerte de laxitud que resta credibilidad al sistema.

Así, por más que resulte constatable el cada vez más generalizado desarrollo de las políticas de responsabilidad social en el seno de las empresas, éstas arrojan un balance muy desalentador para la ciudadanía: en las grandes corporaciones las brechas salariales se acentúan, la mujer accede minoritariamente a la toma de decisiones y se debilita el compromiso en relación al desarrollo de la carrera profesional de los jóvenes empleados.

Frente a los estándares más extendidos de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) el modelo de la Economía del Bien Común (ver http://economia-del-bien-comun.org/es) converge con las propuestas de la tradicional RSE en cuanto a valores pero va un paso más allá en cuanto a objetivos y metodología. La RSE en Europa se ha fundamentado en la premisa “devolver a la sociedad parte del beneficio que se obtiene de ella”. Esta frase asume que el objetivo empresarial es la obtención de beneficio y, a través de la RSE, las empresas devuelven parte de ese beneficio. Es por ello por lo que, desafortunadamente, la mayoría de las empresas han reducido la RSE a meras actividades filantrópicas o de comunicación de marca.

La Economía del Bien Común (EBC) aboga por la construcción de un  “Mercado Ético Europeo” en el que las políticas económicas y comerciales estén alineadas con las culturas y los valores que las personas identifican como universales. Esta estrategia se aplica calculando la contribución al bien común de las empresas mediante la realización obligatoria de un Balance del Bien Común (BBC), que mide la parte no financiera del éxito de una empresa. En su versión actual el BBC mide los valores constitucionales más importantes: dignidad, solidaridad, sostenibilidad, justicia,  y participación democrática.

Para dar un paso más allá de la RSE, el movimiento por una economía del bien común  propone que el BBC cumpla con 8 “metacriterios”:

  1. Universal;
  2. Medible en puntos neutrales;
  3. Comparable entre empresas;
  4. Comprensible para todos los stakeholders;
  5. Público;
  6. Auditado de forma externa;
  7. Obligatorio;
  8. Con consecuencias legales: cuanto mejor el resultado, menores impuestos, aranceles, intereses, etc.

De las actuales estrategias de la Responsabilidad Social Empresarial y de otras formas de hacer empresa y su valoración, se habló el pasado 27 de abril, de 12 a 14 horas, en el Salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid en la jornada que celebraremos bajo el título El bien común y los intangibles en el valor de las empresas.