Uno de los peores momentos por los que todos pasamos en una ocasión u otra es la pérdida de un ser querido. Además de todo el dolor que el deceso ocasiona a la familia y allegados, hay que hacer frente a trámites y formalidades legales que deben realizarse en relación a los bienes y derechos que poseía o de los que era titular el difunto.

Tras el fallecimiento, debe aguardarse un tiempo prudencial, normalmente unos días, hasta que esté disponible el certificado de defunción del Registro Civil correspondiente, el del lugar donde esté inscrito el fallecimiento. Se aconseja pedir varios certificados para poder hacer varios trámites a la vez en relación a los distintos bienes que poseyera el difunto, puesto que algunos trámites exigen entregar una copia, no fotocopia, del certificado de defunción.

Con el certificado de defunción en la mano, hay que solicitar el certificado de últimas voluntades, que es el documento que acredita si el fallecido había otorgado testamento y ante qué Notario se autorizó el mismo. Éste certificado puede solicitarse, pasados 15 días desde el fallecimiento, en los Registros Civiles de toda España, entre otros lugares, y se obtiene gratuitamente.

En caso de constar más de un testamento en el certificado de últimas voluntades, se deberá atender a lo que disponga el último, el de fecha más reciente, puesto que éste anula o agota los efectos de los anteriores, por regla general.

Seguidamente, con el certificado de últimas voluntades y el certificado de defunción los herederos pueden dirigirse al Notario autorizante del último testamento y solicitar una copia (autorizada) del testamento legalmente válido de la persona fallecida, que se entregará solo a personas que consten en el testamento ó acrediten al Notario un interés legítimo en su obtención.

En caso de no haberse otorgado Testamento alguno, cabe dirigirse a un Notario que extenderá una escritura que se denomina Acta de Notoriedad, dónde se declaran herederos los que la Ley dispone, siempre que se trate de cónyuge, ascendientes o descendientes puesto que, en caso de otros parientes (hermanos, tíos, sobrinos) la declaración de herederos sólo pueden hacerla los tribunales, haciéndose responsables esos mismos herederos de que para esa declaración no han omitido ni ocultado ningún dato o hecho relevante, como hijos naturales, etc…

Con estos tres documentos: certificado de defunción, certificado de últimas voluntades y copia del testamento válido o Acta de Declaración de herederos abintestato, ya podemos iniciar los trámites para adjudicar las distintas propiedades, cuentas, depósitos y contratos bancarios y derechos y obligaciones que poseía el difunto. Para el caso de los contratos bancarios, el banco o caja de ahorros extenderá una certificación de saldo y titularidad a la fecha de la defunción.

A continuación, con los certificados de defunción, de últimas voluntades , la copia del testamento o Acta de Declaración de herederos abintestato y los certificados de saldos bancarios, es necesario aceptar la herencia para lo que puede acudirse a cualquier Notario y realizar un nuevo Acto Notarial llamado Aceptación de Herencia.

Ésta última escritura es el acto por el que los herederos aceptan suceder al fallecido en todos sus derechos y obligaciones. Debe tenerse en cuenta que si la herencia se acepta pura y simplemente, los herederos responderán con todos sus bienes de las deudas de la herencia si las hubiera, por lo que en caso de que existan dudas sobre la solvencia del fallecido los herederos pueden aceptar la herencia a beneficio de inventario, de forma que responderán de las deudas del fallecido hasta el límite del valor de los bienes que reciban por la herencia, o pueden incluso repudiarla o rechazarla.

La escritura de aceptación puede también recoger las operaciones de reparto de los bienes de la herencia, según las instrucciones del difunto o según la voluntad de los herederos si no había Testamento o éste no incluía indicaciones sobre el reparto, constando las distintas cargas que éstos asumen como legados en favor de otros y deudas o cargas hipotecarias. A continuación, debe presentarse en la Oficina Liquidadora del Impuesto de Sucesiones correspondiente para proceder a la autoliquidación del impuesto o solicitar que sea la Administración correspondiente quién liquide el impuesto y nos envíe el total a pagar; ésta última opción puede demorar mucho el trámite y, por tanto, la disposición de los bienes del difunto.

Una vez ya en nuestro poder la liquidación, ya sea por autoliquidación como por liquidación efectuada por la Administración, ya podemos dirigir- nos al Registro de la propiedad, bancos y demás entidades o registros para solicitar los cambios de titularidad correspondientes.

El trámite de la liquidación del impuesto no debería demorarse más de seis meses sin un motivo lícito y el correspondiente permiso de la Administración para no incurrir en recargos del impuesto.

En caso de que el patrimonio del difunto no incluya bienes inmuebles o otros bienes y derechos de naturaleza registral (por ejemplo rentas sobre fincas y derechos diversos,…) cuyo cambio de nombre requiera una escritura notarial, puede optarse, en lugar de aceptar los bienes mediante una escritura notarial, por un escrito dónde los herederos aceptan la herencia dirigido a la correspondiente Oficina liquidadora del Impuesto de Sucesiones acompañado de los respectivos certificados bancarios de saldo y titularidad a fecha de la defunción.